Este chololo extraterrestre anda por ahí en un planeta desierto donde no hay mucho que comer. Así que debe esperar pacientemente, enterrado en la arena, a que aparezca alguna presa. Yo jugaba con estos cangrejos ermitaños cuando niño, con mis hermanos. Íbamos a la playa en vacaciones, agarrábamos una cubeta y metíamos varios ahí. Cuando no querían salir de sus conchas, les soplábamos aire caliente y ellos salían a mordernos con sus tenazas. Ya luego los dejábamos ir cuando volvíamos a casa.